El pan nuestro

 
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La oración que nos enseñó personalmente Jesucristo incluye entre sus principales fra ses, y como la primera que se refiere a aspectos terrenales, la siguiente: El pan nuestro de cada día dánoslo hoy así me enseñaron de pequeño o, en otra formulación: Danos hoy el pan nuestro de cada día. Se trata de la petición más elemental, del sustento que nos permite subsistir. Con la humildad que le es propia Jesús solo pide pan, el más básico de alimentos.Cuando recorremos sin éxi to las panaderías de Venezuela nos encontramos con que el ansiado pan que suplicamos no existe o no ha llegado y vemos largas colas de madres, ancianos y trabajadores que aún guardan la esperanza de que algún día han de encontrarlo. Quizás recuerdan aquellos tiempos cuando uno llegaba a los expendios y obtenía cuantas canillas necesitara de inmediato y además exigía, según el gusto, que estuvieran calientes y no muy tostadas.Por razones geográficas, económicas e históricas, buena parte de nuestra población consumía más el pan de maíz, o arepa, que el pan de trigo, más propio de las tierras templadas. Pero cuando las riquezas de esta tierra atrajeron a la gente del mediterráneo y de las viejas civilizaciones el pan cruzó con ellas y se hizo bastante popular. Era nutritivo, fácil de hacer y se mezclaba bien con otros alimentos. Los panes tradicionales nuestros, la arepa y el casabe, eran más engorrosos de elaborar. Afortunadamente alguien, de cuyo nombre no quiero acordarme, inventó la harina precocida de maíz que salvó a nuestra tradicional arepa y en la dieta del venezolano se entremezclaban arepa y pan según la escogencia de cada cual. Incluso se decía, casi como parodia del ruego antes referido, que cada niño venía al mundo con su arepa bajo el brazo, como una manera de afirmar que cada niño nuestro tenía asegurada su existencia. Pero la harina de maíz, precocida o no, también ha desaparecido y por ella, al igual que por el pan y otros productos, hay...

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