El actuar moral sobre el libro I, capitulo III de la Critica de la RazonPractica.

Autor:Scarano, Nico
 
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Sección 1. La función del tercer capítulo

No es del todo claro qué función debe cumplir el tercer capítulo de la Crítica de la razón práctica en el marco de la teoría moral kantiana. Kant da ciertamente algunos indicios allí donde hace alusión al modo de proceder paralelo al de la Crítica de la razón pura, es decir, en la Introducción y en la Aclaración crítica de la analítica. Estas pistas pueden ser muy instructivas para la relación de la razón práctica y la razón especulativa, pero no son de mucha ayuda cuando se trata de determinar la función sistemática del tercer capítulo. Según Kant, una diferencia esencial se halla en que en la segunda Crítica los temas a ser tratados en la Analítica (sensorialidad (Sinnlichkeit), conceptos y principios) discurren en una sucesión diferente en comparación con la primera Crítica. La Crítica de la razón pura comienza con la Estética transcendental, es decir, con la sensorialidad, para luego pasar a los conceptos puros del entendimiento y llegar a los principios, mientras que la Crítica de la razón práctica parte en el primer capítulo con los principios prácticos, luego continúa con los conceptos en el segundo capítulo, especialmente con los conceptos de lo bueno (das Gute) y lo malo (das Böse), y, finalmente, llega a la sensorialidad en el tercer capítulo.

La sensorialidad es, pues, el tema determinante de esta sección. En este sentido, los indicios de Kant no son erróneos, no obstante, este tema ya fue tratado por él en los dos capítulos precedentes, y ciertamente no de manera ocasional. Al comienzo del primer capítulo, Kant indica que una acción por causa de los fundamentos de determinación de la sensorialidad conduce a la heteronomía y que lo autónomo, es decir, la acción moral, debe ser determinable con independencia de los sentidos. Acto seguido, intenta aclarar cómo esta idea sólo debe hacerse entendible en relación con la forma de nuestras máximas. Finalmente, con la ayuda del factum de la razón argumenta que la razón pura por sí misma puede ser práctica: una acción independiente de la sensorialidad es para nosotros realmente posible. Si cerca del final del primer capítulo es seguro que existe la posibilidad de la acción moral, ¿por qué razón debe hablar Kant una vez más sobre la sensorialidad? La pregunta acerca de qué función sistemática debe cumplir la sección final de la Analítica permanece, pues, abierta.

Pienso que la función propia de este tercer capítulo sólo puede llegar a ser visible si es leído exclusivamente desde la perspectiva de una teoría de la acción. La tarea del tercer capítulo de la Crítica de la razón práctica consiste esencialmente en mostrar cómo el actuar moral definido en el primer capítulo se inserta en la teoría de la acción moral asumida por Kant. Para él, se trata en primera línea de la coherencia de la teoría que previamente desarrolló. Para asegurarla se ve obligado a introducir un nuevo elemento teórico que debe llenar dos exigencias diferentes. Primero, debe mostrar cómo se inserta el actuar moral en el nexo continuo de la naturaleza y, segundo, debe garantizar que no se pierda la particularidad de la acción moral, es decir, ser realizada solamente por la ley.

Ambas exigencias están incluidas en el grupo de temas tratados en el tercer capítulo. Estos son, por una parte, las preguntas sobre la motivación de la acción, a las cuales se hace referencia a través de las expresiones motor (Triebfeder) (1), fundamentos subjetivos de determinación, sentimiento y respeto. Aquí se trata sobre temas específicos de la teoría de la acción, especialmente sobre cuáles son los motivos eficaces para la acción moral. Por otra parte, la distinción entre moralidad y legalidad juega un papel importante. Con ello el tercer capítulo hace un aporte importante para la determinación de lo que caracteriza una acción moral como tal.

El texto comienza con la mención de Kant al requisito para la moralidad de una acción: " lo esencial de todo valor moral de las acciones está en que la ley moral determina inmediatamente la voluntad" (2)*. Contrariamente, cuando el mismo tipo de acción no es realizada por la ley, sino en razón de otros fundamentos "entonces encerrará la acción ciertamente legalidad, pero no moralidad" (4). Según Kant, sólo una acción que es ejecutada por la ley puede valer como acción moral en sentido propio. Esta no es una idea nueva en sí misma. En los capítulos precedentes esta idea fue desarrollada por Kant, aunque no como el par de conceptos legalidad-moralidad, pues éstos son incluidos por pimera vez en el tercer capítulo. ¿Por qué en esta tercera sección? Mi tesis es que sólo las reflexiones sobre la teoría de la acción del tercer capítulo le permiten a Kant poder pensar sin contradicciones la diferenciación conceptual entre moralidad y legalidad.

En lo adelante, quisiera analizar detalladamente ambos temas en la secuencia antes mencionada. Para ello es conveniente ante todo recordar de forma resumida los rasgos esenciales de la teoría de la acción presupuesta por Kant (sección 2), la cual, sin embargo, no está tematizada en ninguno de los capítulos de la Crítica de la razón práctica. En conexión con ello, se puede comprender con mayor exactitud cuál es el tipo especial de motivación que, para Kant, es eficaz a los fines del actuar moral. Especialmente, se muestra con mayor exactitud el estatus poco claro del sentmiento de respeto, así como los requisitos para su existencia (sección 3). Estos mismos conocimientos extraídos en relación con la motivación moral también otorgan resultados que pueden permitir distinguir las acciones morales de las acciones meramente legales, desde la perspectiva de la teoría de la acción. Para ello, es útil reconocer dónde se debe ubicar la teoría kantiana en el debate actual en torno a las denominadas teorías morales intemalistas y extemalistas (sección 4).

Sección 2: Rasgos esenciales de la teoría kantiana de la acción

La teoría de la acción juega un papel importante en el curso de la argumentación de la Crítica de la razón práctica. No es errado decir que con este escrito emprende Kant el intento de una fundamentación de la moral desde la teoría de la acción. Después de todo, el punto de partida de sus reflexiones lo constituye la voluntad, un concepto fundamental de este tipo de teorías, aunque él mismo no ofrece una concepción continua sobre sus premisas de una teoría de la acción. Antes bien, las premisas son incluidas de manera sucesiva en el curso de la argumentación, y algunas veces de manera solapada, sin que quede claro cómo están relacionadas entre sí. Para reconocer qué función debe cumplir el tercer capítulo dentro de la teoría, es aconsejable traer a colación algunos de los aspectos generales de la teoría de la acción desarrollada sobre todo en el primer capítulo. (5)

Ante todo, es importante saber qué entiende Kant por motivos para la acción; sólo después se puede preguntar por los motivos específicos del actuar moral. Por supuesto, debe resultar en total una concepción uniforme. El actuar moral no puede ser deducido sencillamente de la teoría kantiana, debe poder ser descrito dentro de la teoría general de la acción. En ello consiste la tarea fundamental del tercer capítulo. En el texto Kant no usa las expresiones motivo o motivación, sino que se refiere en el tercer capítulo a motores de una acción, con lo cual hace mención a "el fundamento subjetivo de determinación de la voluntad de un ser cuya razón no es ya por su naturaleza necesariamente conforme a la ley objetiva" (6). Entonces, los motores entran en juego allí donde los fundamentos objetivos y subjetivos de determinación pueden enfrentarse, es decir, están en relación con el actuar de seres racionales finitos, debido a que sólo en éstos se presenta el problema de la motivación moral. (Por lo demás, en Lecciones de ética habla Kant sobre motiva en otro sentido. Allí se distancia explícitamente del elater animi, de los motores (7). Sin embargo, a los fines de la interpretación, usaré la expresión motivo en el sentido usual de hoy día, que en cierta medida se corresponde con lo que Kant entiende por fundamento subjetivo de determinación).

El concepto de acción, en la manera como es usado por Kant, es relativamente amplio. De acuerdo con Kant, puede hablarse de actuar en sentido estricto cuando éste se origina en la facultad de desear de un ser vivo, por lo que la facultadad de desear es definida como la facultad que posee un ser "de ser, por medio de sus representaciones, causa de la realidad de los objetos de sus representaciones" (8). En este punto, pueden ser diferenciadas tres formas básicas: no sólo los seres racionales finitos poseen una facultad de desear, también a los seres vivos carentes de razón les corresponde una facultad de desear, también ellos actúan conforme a representaciones de objetos (Gegenstände), aunque no pueden actuar de acuerdo con representaciones de leyes, pues sólo los seres racionales están facultados para ello. Estos poseen una voluntad, o sea, "la facultad de determinar su causalidad por la representación de reglas" (9). Además del actuar de los seres racionales finitos y de los seres vivos carentes de razón, se puede pensar en una tercera forma: el actuar de Dios. Este actuar se caracteriza porque siempre ocurre según leyes objetivas.

Kant, entonces, sostiene una teoría causal de la acción y no una teoría puramente intencional: la representación de los objetos puede conducir causalmente a la existencia de dichos objetos. Cuando la acción es exitosa, el objeto, o sea, la situación previamente representada, se trae a la existencia. En este estado de cosas, se plantea la pregunta: ¿qué es lo que lleva a los seres racionales a actuar en un caso concreto? De acuerdo con Kant, en los casos normales, es decir, cuando no se trata del caso especial del actuar moral, asume tal tarea la sensorialidad: todo querer tiene un objeto hacia el cual se dirige. Esto es, según Kant, "innegable" (10). Al objeto...

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