Adolf Hitler, ario, griego y romano

 
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Mucho antes de acceder al poder, Hitler había expresado su des dén por la prehistoria germánica. Comparado con griegos y romanos, los germanos no eran más que un pueblo de gente ruda. Cuando escribió Mi lucha, Hitler afirmó nada menos que esto: que existía una unidad de raza entre griegos, romanos y germanos. La germanidad no era suficiente para la grandeza de su proyecto Hitler despreciaba los esfuerzos arqueológicos de Himmler, dirigidos a la búsqueda de registros de una germani dad gloriosa; en privado hacía comentarios mordaces sobre las expediciones científicas, a las que llamaba, paseos para cazar piedras.Apenas alcanzó el poder, la maquinaria del nacionalsocialismo se volvió hacia la Antigüedad grecorromana. El objetivo: fabular sobre unos orígenes que fuesen prestigiosos. Al Tercer Reich no le bastaba con dominar el presente y el futuro: tenía que dominar el pasado. El sometimiento del pasado remoto adquirió el carácter de política de Estado. La técnica de hacer uso instrumental de la historia, para convertir el pasado en paradigma o formular apologías, se puso en marcha. Y fueron las instituciones del Estado, a través de la educación, la propaganda, los deportes y las artes, las encargadas de apropiarse de lo grecorromano. Embellecer el origen significaba embellecer la identidad. El racismo se fortalecía con la genealogía. La imagen de Ulises en la Ilíada contribuiría a debilitar el fantasma de la humillación recibida en la Primera Guerra Mundial.La invención de un origen El nacionalismo y la Antigüedad expone con preciosismo y rigor conceptual, la compleja trama que desembocó en la invención de un supuesto primer período de historia indogermánica-nórdica, que habría sido el semillero de las grandes civilizaciones. La operación nazi presentó aquello como la recuperación de un patrimonio. De una esencia que no se había perdido, sino que había permanecido. Una continuidad de carácter ontológico, que determinaba un etnotipo físico y moral.Señalar a griegos y romanos como pueblos nórdicos, permitía establecer que la paternidad de ambos correspondía al pueblo ario. Hitler repetía, la paternidad de la cultura griega y del Imperio Romano le corresponde a la raza germánico-nórdica, con lo cual se pretendía que nada significativo en la historia de la Humanidad había ocurrido fuera del ámbito de la raza aria. Pero el apetito deformador no tenía...

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