La agonía del desastre

Estamos llegando al final de un sueño, una promesa y un fracaso y se agigantan las graves ne cesidades que hace dos décadas dieron alas al líder que hoy llega a su ocaso. El líder único tenía verbo, denuncia y promesa, pero carecía de equipo y de humildad y se montó sobre tres errores graves: refuerzo de la enfermedad de un país pobre que se cree rico y por ello se resiste a hacer los cambios y sacrificios para salir de la pobreza; el engaño de pensar que el verbo ilimitado en denuncias y promesas suple la ineptitud gestora; y la ilusión de ocultar esas carencias con una ideología revolucionaria acrítica, anticuada y vendida como religión para lograr un paraíso de felicidad. Todo ello bajo un voluntarismo militarista con obediencia cuartelaria y servilismo clientelar. Sería trágico que ahora cambiá ramos una ilusión por otra, o que parte de quienes se proponen liderar la próxima década pensara que con liberarnos de Chávez y liberar el mercado todo está hecho. El mercado desatado Âsin un pacto social y sin un Estado que lo oriente y regule con criterio social sería inútil para la mayoría y produciría negocio para unos y miseria para otros, como vemos aun en los países más adelantados. La alternativa democrática plan tea un liderazgo colectivo con un presidente que lleve la batuta y miles de líderes competentes que interpreten la partitura en diversas áreas de su competencia. En Venezuela se necesita li bertad creativa y de mercado para que la empresa privada brinde sus frutos. Pero los empresarios y políticos, y con ellos la sociedad entera, irían al fracaso si pensaran quedarse haciendo lo que hicieron. El mercado es un instrumento, pero hacen falta políticas con objetivos precisos. Sus fallas están a la vista en la crisis actual de Estados Unidos y Europa que afecta a todos los sectores de la vida de esos países. Ninguna ideología ultraliberal puede ocultar esto y poco haremos sin una regeneración de los valores y de la solidaridad. Hay muchas cosas que hacer, pero ninguna más envolvente que la superación de la pobreza apreciando a los pobres, no como un peso y un lastre, sino como la actual pérdida principal de talento y de recursos no potenciados, sin poder ser productivos para el propio pobre...

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