El beso del ángel

  1. Muchos años después entendí que mis olvidos eran una manera de recordar a mi madre. Siempre será de vastador entender que nuestros padres desaparecen o pierden la memoria. Más aún, cuando uno es hijo único y se convierte del día a la noche en el testigo de unos recuerdos que están condenados a desaparecer para siempre. No hay temor más doloroso que un día se apague la luz.Para comprender lo que siento, de bo explicar que mi madre me legó dos de mis pasiones más atesoradas, los libros y el cine. Debía tener cuatro años cuando me llevó a ver la primera película de mi vida. En un cine de arte y ensayo de Córdoba exhibían El capitán Blood 1935, película de Michael Curtiz, con Erroll Flynn y Olivia de Havilland.Fue una producción inicial de 700.000 dólares en realidad costó 1.200.000, donde no se usaron barcos ni locaciones de verdad, sino embarcaciones de miniaturas, así como maquetas de Port Royal en Jamaica, y escenas sobrantes de una película de 1924, El gavilán de los mares. Los diálogos más inteligen tes los puso Casey Robinson, para salvar la narrativa un tanto pedestre del autor de la novela, Rafael Sabatini. Y se convirtió en un éxito de taquilla.Es la historia del médico Peter Blood, que atiende a un herido, conspirador contra Jacobo II de Inglaterra 1685. Los militares descubren el sitio donde reviven al rebelde e implican al médico por atentar contra su majestad. Blood es condenado a prisión y trabajos forzosos en la isla de Jamaica.La reponían en Córdoba y yo no toleré el momento en que Peter Blood es atado a un mástil y castigado con latigazos. Esa espalda ensangrentada me pareció un horror real y comencé a llorar a gritos. Me tuvieron que sacar de la sala para que los demás espectadores pudieran ver la película.II. Mi madre comenzó lentamente, a partir de los setenta años, a perder la memoria de hechos ocurridos en el pasado inmediato. Su infancia se encontraba a salvo en los pliegues de su mente, pero la cena de anoche ya se había extraviado. No pregun tes qué enfermedad tiene una persona, sino qué enfermedad tiene a una persona William Osler.Mi madre olvidaba que había al morzado y exigía que la alimentaran otra vez. Hablaba sola en su cuarto. Más tarde refería la visita de un viejo familiar que tenía tiempo sin ver. Un familiar por cierto que había fallecido 20 años atrás. Cuando la visitaba con mis dos hijos, a veces me preguntaba por el tercero que no tengo. Mauricio y Nicolás casi siempre salían de la casa de su abuela con...

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