Un combate innecesario, una derrota inútil

 
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¿Por qué se sometió Cristina Kirchner a una tremenda derrota política que estaba anun ciada? ¿Supuso, acaso, que la Corte Suprema avalaría una reforma de facto de la Constitución? ¿Creyó que sus presiones personales a los magistrados a través de Twitter derrumbarían las convicciones de los máximos jueces del país? La derrota presidencial se traduce en que no habrá elección popular y partidaria de los miembros de la Magistratura, y en que sus disposiciones sobre la integración del Consejo son inconstitucionales. También los cambios que virtualmente eliminaron las cautelares están frenados por decisiones de jueces de instancias inferiores. La derrota es inmensa en términos políticos, porque la Presidente pasó gran parte de este año elogiando reformas que han muerto antes de nacer. Tampoco podrá nacionalizar las próximas elecciones, que son distritales. La elección de los consejeros las hubiera nacionalizado.Cierta idea de una revolución del orden político, nunca pro metida en elecciones presidenciales, naufragó definitivamente. Revolución que expresa sólo cambios en beneficio del grupo gobernante y ninguna inspiración social o política más amplia. La mayoría de la Corte Suprema seis de siete jueces consideró la reforma cristinista inconstitucional porque rompe el equilibrio del Consejo de la Magistratura, impuesto por la Constitución, al establecer que todos sus miembros serán, directa o indirectamente, emergentes del sistema políticopartidario; porque desconoce el principio de representación de los estamentos técnicos al imponer la elección directa de jueces, abogados, académicos y científicos; porque compromete la independencia judicial al obligar a los jueces a intervenir en la lucha partidaria, y porque vulnera el derecho de los ciudadanos al distorsionar el proceso electoral.El corazón mismo de la ob jeción es, con todo, la pretensión reformista de colocar a todos los jueces en comisión.Un supuesto Consejo de la Magistratura integrado con representantes partidarios en todos los casos y con facultades de designar o destituir jueces con la mayoría de sus miembros hubiera colocado a todos los jueces con un pie fuera de los tribunales. La Corte subrayó que, en tal caso, prevalecerían grandes oscilaciones políticas y que para la justicia importaría en adelante más el poder o la debilidad de los gobernantes que cualquier...

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