EL CONCEPTO DE INMANENCIA EN LOS DERECHOS HUMANOS.

AutorDaniels, Al

THE CONCEPT OF IMMANENCE IN HUMAN RIGHTS

Introducción

El estudio de los derechos humanos es, y debe ser, más allá de los Tratados. Justamente todo lo contrario de lo que ocurre en los currículos universitarios, donde el positivismo tiene preponderancia. Evidentemente, es necesario y es imprescindible el estudio de los convenios internacionales, de las sentencias de los tribunales internacionales y todo cuerpo normativo vinculado con el tema. Pero ello no es suficiente. Y no sólo no es suficiente, sino que además es algo confuso, pues a la claridad de la mayoría de las normas internacionales de derechos humanos, se opone un contraste con la base dogmática de estos, que es algo que está lejos de ser definido.

Sin embargo, el hecho de que sea más nítido lo dispuesto en las normas positivas no invalida el necesario estudio de los fundamentos de los derechos humanos, y al menos, la claridad de sus conceptos esenciales. Es en ese sentido que es necesario un discurso de derechos humanos, y no un discurso sobre derechos humanos, pues la primera es una herramienta fundamental para la defensa efectiva de los mismos, pues así como un abogado defensor debe conocer a su defendido, más allá de lo que esté en el expediente respectivo, de idéntica manera se deben conocer los derechos humanos para tener una proactividad que sirva a las bases esenciales de estos, y no sean simples avances formales.

Pese a lo dicho, cuando se estudian los planteamientos que pretenden ser los fundamentos sobre los que descansan los derechos humanos, la mirada se pierde en todo tipo de lecturas que postulan muy diversas posiciones sobre una fundamentación única de los derechos, desde el iusnaturalismo y sus muy variadas manifestaciones, al positivismo, al relativismo, a la doctrina axiológica, el empirismo, entre otras, todas ellas tienen un elemento común más allá de sus argumentaciones: ninguna ha logrado imponerse como discurso único que establezca una dogmática sobre la que descansen los derechos humanos (2).

Ahora bien, eso no quiere decir que tal misión deba abandonarse, todo lo contrario, las discusiones sobre este tema han de mantenerse, en la medida además que se desarrolla el propio derecho internacional de los derechos humanos. Recordemos que se trata de una rama de la ciencia jurídica que apenas, en términos históricos, se acaba de crear, y que por lo mismo, se encuentra en pleno desarrollo y evolución, no se trata de algo estático, sino que en muy pocos años ha venido cambiando de manera importante en términos sustanciales. Así entonces, por ejemplo, derechos como los ambientales no estaban presentes en las discusiones de 1948, pero en el día de hoy no pueden establecerse agendas de defensa de derechos sin tomarlos en cuenta.

  1. La pluralidad de fuentes dogmáticas de los derechos humanos

    Estas diferencias son naturales dada la diversidad de perspectivas con que es vista la naturaleza humana, desde su origen mismo hasta las visiones sobre la condición de ser humano y los elementos que le son o no consustanciales. A partir de cada una de estas corrientes, la fundamentación que estas derivan hacia los derechos humanos son necesariamente diferentes. Sólo a título de ejemplo podemos mencionar la idea de si el ser humano es consecuencia de una acción ajena a él mismo (es decir, si es creado) o si existe por un destino evolutivo ajeno a toda voluntad concreta: uno u otro camino generan visiones muy diferentes de la humanidad.

    Ahora bien, una perspectiva histórica permite concluir que lo anteriormente señalado no es más que reflejo de lo que ha sido la evolución de los derechos humanos: esto es, un proceso histórico y social que no se ha desarrollado de una sola manera ni de una única fuente. Así entonces, incluso las reivindicaciones que tienen un origen cultural común como las que fueron resultado de la revolución gloriosa inglesa del siglo XVII y la revolución americana en el siglo XVIII tienen enormes diferencias, tanto en sus causas, como en la justificación de sus conquistas.

    Partiendo entonces de estas premisas, debemos agregar como abono a esta heterogeneidad de fuentes, que esta diversidad también está en la génesis del derecho internacional de los derechos humanos, es decir, de la Declaración Universal (3). En la discusión de la misma intervinieron no sólo muy diversos países y culturas, sino que entre los que llevaron el liderazgo de las discusiones también estuvo presente esa diversidad: así, desde los aportes de Eleanor Roosevelt (representante de Estados Unidos) y Hansa Mehta (representante de la India), únicas mujeres en el Comité, seguidas por Charles Malik (representante del Líbano), pasando por Peng-chun Chang (representante de China) y Hernán Santa Cruz (representante de Chile), hasta los juristas John P. Humphrey (Canadá) y René Cassin (Francia), todo indica una diversidad de pensamientos que se reflejaron en las discusiones.

    Así por ejemplo, y para no quedarnos sólo en lo ideológico o cultural, basta decir que sin la presencia de las dos primeras citadas, la Declaración carecería de un lenguaje inclusivo, bastante novedoso para la época, y para comprobarlo basta con comparar la redacción de la Declaración simplemente con el título de la otra Declaración coetánea con ella, la Declaración Americana, cuyo nombre completo es Declaración Americana de los derechos y deberes del hombre. No son diferencias de estilo precisamente.

    Esto pone de manifiesto que desde sus orígenes, el derecho internacional de los derechos humanos tiene como base la diversidad no sólo de ideas sino también de perspectivas y de visiones de la humanidad.

    En ese sentido, queda para la historia la explicación que gustaba dar Jacques Maritain de cómo representantes de ideologías antagónicas pudieron llegar a acuerdos sobre la elaboración de un listado de derechos humanos, señalando que "sí, llegamos a un acuerdo acerca de los derechos pero bajo la condición de que nadie nos preguntase por qué" (4).

    Más concretamente, esto se puso más claramente de manifiesto ante la propuesta de que se incluyera el término "creador" en la Declaración, lo cual no sólo presentaba objeciones por parte de los representantes del ateísmo, sino también de aquellos cuyas creencias religiosas que consideraban el término en plural o desde una visión panteísta, por lo que la discusión no necesariamente era simplemente bidireccional. Así, la sesión terminó con la no inclusión del término dado que tanto el representante de China, apoyado por la de la India y de Francia (destacamos la ausencia de la opinión del representante soviético), señalaron que el grupo de filósofos de la UNESCO que sirvió de apoyo al comité redactor, enfatizó que los países debían enfocarse en...

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