Una contrapropuesta latinoamericana para la integración hemisférica

Autor:Juan Carlos Morales Manssur; Lucrecia Morales García; Alba Ivonne León de Labarca; Lorena Rincón Eizaga; Hudilú Rodríguez; María Alejandra Fernández
Cargo:Sección de Integración Latinoamericana. Instituto de Filosofía del Derecho. Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas. Universidad del Zulia. Maracaibo-Venezuela. juanca7@telcel.net.ve; castillole@cantv.net; lrincone@icnet.net.ve; hudilu@mipunto.com; marialeja24@cantv.net
RESUMEN

Este trabajo aborda, bajo la perspectiva integracionista en el ámbito social, institucional, comunicacional, económico y educativo, el esbozo de propuestas concretas que América Latina podría asumir para su desarrollo autónomo y con base en sus propias características y potencialidades. Ante la propuesta del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), es necesario replantear las conveniencias... (ver resumen completo)

 
ÍNDICE
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Introducción

Frente al reto inminente de la integración hemisférica que significa la creación para el año 2005 de una gran zona de libre comercio a nivel continental llamada Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), no hay duda que los países latinoamericanos deberán compatibilizar los acuerdos de integración bilaterales y subregionales con el mencionado esfuerzo de integración hemisférica. En efecto, la historia de la integración latinoamericana ha demostrado que estos países han privilegiado los procesos de integración a nivel bilateral y subregional, por ser éstos los más viables, formando en consideración e+l tamaño y la diversidad de la región latinoamericana, razones que han llevado al fracaso de los intentos de integración regionales que como la ALALC y la ALADI han tratado de implementar la consecución del ideal de la unión latinoamericana a través de la creación de un mercado común en la región.

Mucho mayor es para los países latinoamericanos el reto de la integración a nivel hemisférico, que significa conjugar esfuerzos para liberalizar el comercio con gigantes como Estados Unidos y Canadá. Ello trae consigo la necesidad de que estos países, en el marco de los grupos de trabajo creados para hacer realidad el ALCA, logren concertar un tratamiento preferente que tome en cuenta las debilidades macroeconómicas y de infraestructura que padecen sus economías, así como el impacto que una liberación del comercio de tal envergadura puede traer para la industria y la agricultura de los países más débiles de la región.

No se debe olvidar que las razones que han llevado a los países latinoamericanos a optar por esquemas de integración de carácter bilateral y subregional, han sido precisamente que los mismos constituyen el medio más idóneo para lograr los propósitos de una integración “a la medida” de países más homogéneos, y de adecuarla a los intereses y necesidades comunes de estos grupos de países. Por ello, se cree que el fenómeno de la subregionalización debe seguir privilegiándose como tendencia dominante de los procesos de integración latinoamericanos, así como la opción de que sea a partir de la convergencia de los esquemas subregionales, que se logre el objetivo del mercado común latinoamericano.

En tal sentido, las negociaciones para la creación del ALCA, no deben hacer olvidar a los países latinoamericanos que:

... el gran reto del presente es lograr que los esquemas subregionales y bilaterales confluyan y se articulen en un programa a escala regional, cuyo objetivo final siga siendo la consecución del mercado común latinoamericano. A tal efecto, los avances en estos esquemas no serán incompatibles con ese objetivo en la medida en que, en forma paralela, se contemple un proceso de articulación progresiva de los compromisos y logros alcanzados, reflejando una disciplina comunitaria congruente con dicho objetivo (Vacchino y Solares, 1992:11).

El anterior reto plantea como primer paso el fortalecimiento y la profundización de los esquemas subregionales, que no han dejado atrás los tropiezos y los incumplimientos de las exigencias que plantea un proceso de integración, lo que ha llevado a que los mismos se hayan dado a la tarea de revisar tanto las estrategias de la integración como las instituciones que a nivel interno y externo están encargadas de implementar aquéllas, sobre todo si se toma en cuenta las reformas económicas que se han producido al interior de los países latinoamericanos, que los han obligado a compatibilizar el proceso de integración con la política de apertura de sus economías, con las incertidumbres y riesgos de esta nueva estrategia (Rodríguez, 1992).

Dicha política de apertura, si bien ha favorecido la liberación del comercio en el marco de los esquemas de integración subregionales, la misma no ha sido suficiente para profundizar dichos procesos si se toma en cuenta que los mismos requieren de la conjunción de una serie de variables y factores que van más allá de lo estrictamente comercial, y que responden a problemas de carácter económico, político y social de los países latinoamericanos, que deberán ser abordados para el éxito del proceso de integración a cualquier nivel, sea bilateral, subregional, regional e incluso el hemisférico.

1. Propuesta Social e Institucional

Latinoamérica no puede plantearse el reto de la integración hemisférica sin antes atender las prioridades y necesidades que requieren ser atendidas en el marco de los procesos de integración a nivel subregional, que demandan grandes cambios a sus estructuras políticas y económicas, así como en lo que respecta a su población, a los efectos del apoyo necesario que ésta debe dar a estos procesos. Entre esas prioridades que también constituyen propuestas, se pueden mencionar las siguientes:

* La profundización de las relaciones de vecindad y el mejoramiento de las condiciones de vida en las áreas fronterizas. En efecto, el proyecto integracionista sigue ocupando un papel secundario, casi nulo, en las políticas nacionales de desarrollo, y ello por supuesto ha arrastrado consigo a la realidad del ámbito territorial fronterizo, componente fundamental de la integración subregional. Lo anterior supone la transformación de las zonas más sensibles entre los países miembros de un esquema de integración, si se toma en cuenta que la profundización de los procesos de integración subregionales requiere necesariamente de la reducción y eliminación de los desequilibrios sociales y las dificultades administrativas y operativas que se concentran en los puntos de contacto fronterizo.

* La difusión de los valores comunitarios para lograr el apoyo y legitimación de los procesos de integración por encima de los valores nacionalistas que tradicionalmente se exaltan en la educación formal de los pueblos, razón por la cual debe propiciarse su inclusión en los programas de educación a nivel diversificado, con rango de asignatura autónoma a ser abordada desde una perspectiva interdisciplinaria si se toma en cuenta que la integración es un proceso multifacético que no solamente se circunscribe a lo económico, sino que también tiene una dimensión política, social y cultural insoslayable. Sólo así se podrá preparar a mediano y largo plazo, un cambio de actitud de las poblaciones nacionales a los fines de concientizarlas acerca del reto que plantea su incorporación activa en la gestión del proceso integracionista y en el diseño de la sociedad multinacional que se desea construir.

* La formación para una gerencia dinámica, innovadora y efectiva que garantice la viabilidad y cumplimiento de los objetivos de los procesos de integración latinoamericanos. En ello cobra especial relevancia el papel que el Estado central debe asignarle necesariamente a las autoridades locales en la gestión del proceso de integración fronteriza y que todavía no se ha definido claramente en la generalidad de los países de la región. No hay duda que la descentralización en materia de integración es un instrumento de legitimación del proceso y, como tal debe ser fortalecida con la necesaria e inaplazable reforma constitucional y legal al interior de los países latinoamericanos, a los fines de formalizar el reparto de competencias en esta materia. De manera que siendo la descentralización en materia de integración una herramienta eficaz para el logro de los objetivos integracionistas, será también inaplazable una acción decidida en materia de capacitación de las autoridades y funcionarios fronterizos, que permita adecuar los objetivos integracionistas del estado nacional con los objetivos de la integración y el desarrollo fronterizo, tarea indispensable que tiene el Estado como parte de la capacidad gerencial y de liderazgo que debe llevar a cabo en la implementación de las políticas comunitarias.

* · Partiendo del hecho de que en la generalidad de los países que hoy conforman la América Latina, existen regímenes democráticos que dan cabida a la participación de la población en la toma de las decisiones más relevantes del Estado, debe lograrse que la sociedad civil se sienta comprometida con el proyecto político de la integración, vinculando ésta al ideal de sociedad verdaderamente democrática, participativa y pluralista que anhelan los pueblos latinoamericanos, a los fines de que se convierta en una aspiración sentida por ellos y que sus propuestas puedan ser escuchadas en las esferas gubernamentales, lo cual sólo puede lograrse si va acompañado de un mecanismo de divulgación y formación de las poblaciones sobre los beneficios tangibles que el proceso de integración debe traer consigo, de modo de garantizar su apoyo al proyecto integracionista latinoamericano.

La búsqueda y fortalecimiento de la participación de los actores sociales en los procesos de integración latinoamericana, pueden contribuir a encontrar nuevos modelos de concertación que vinculen a los grupos sociales en la tarea de constituirse en principales impulsores de dicho proceso, para agilizar su profundización y su éxito. En tal sentido,

... un proceso que no genere una institucionalidad que ayude a hacerlo más transparente, estable y ecuánime, tiene el riesgo de desatar conflictos y contradicciones que pongan en peligro su propia existencia; y la integración voluntaria y consensual tiene reglas inexorables que se deben cumplir, entre ellas la democracia, la legalidad, la adopción eficiente de decisiones y las relaciones crecientes del proceso...

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