Derecho y literatura: aproximación al análisis de la novela 'La ciudad vencida' como recurso didáctico en la enseñanza jurídica

AutorCosimina G. Pellegrino Pacera
Páginas191-206

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Introducción

Nuestro ensayo parte de la necesidad de recurrir a otras manifestaciones del saber humano en la enseñanza jurídica para fortalecer y enriquecer el conocimiento de estudiantes, abogados y profesionales del Derecho. A estas alturas de nuestra investigación hemos comprendido que sí es viable estudiar Derecho a partir de la literatura, pues constituye un complemento esencial, al igual que la historia, la sociología, la psicología, entre otras, para reflexionar los graves problemas de las personas y cuestionar las diversas temáticas e instituciones que interesan al mundo jurídico.

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Hemos de comenzar afirmando que la literatura, fuente de conocimiento que aborda los problemas reales del hombre, nos ayuda a ver mejor a sus personajes, sean héroes o antihéroes, valientes o viles. Para nadie es un secreto que las direcciones de la literatura son múltiples y responden a la multiplicidad del pensamiento humano. El Derecho se puede servir de la literatura, pues esta cuenta, muestra y narra la vida del hombre y sus vicisitudes o ambigüedades existenciales.

Hay muchas maneras de pensar la relación entre Derecho y literatura. Entre ellas destaca la que, sin duda, es la más atractiva por ser diferente y amena. Se trata de aquella en la que se estudian las instituciones jurídicas en las obras literarias, es decir el estudio del “Derecho en la literatura”1.

Este estudio se refiere a las recreaciones que los novelistas, cuentistas, dramaturgos o poetas hacen de las instituciones o problemas jurídicos, por ejemplo, el papel de los jueces, la discriminación, el racismo, la corrupción, el ejercicio del poder, entre otros, pues la literatura ha fotografiado toda una serie de casos y situaciones que son de interés para su discusión y análisis en la enseñanza del Derecho.

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El campo de la literatura es el del alma y el pensamiento del hombre, como dice Liscano. La literatura sirve para acusar, denunciar, desenmascarar, provocar revulsiones y revoluciones para despojar al individuo o a la sociedad de sus máscaras, cartas marcadas, tratos de intereses creados con que pretenden lograr seguridades y ventajas para vivir2. Es el medio por excelencia para describir o caricaturizar las situaciones humanas, así como para hablar de las aspiraciones del hombre y de sus vicisitudes, las nuestras y las de los demás.

Estas no son las únicas razones por las que la literatura sea importante, pero sí se trata de razones significativas que cultivan las capacidades de crítica, juicio y sensibilidad, en especial, cuando participan en la formación de nuestra capacidad de entender a las personas que nos rodean, de reflexionar sobre el reconocimiento del otro, o de comprender lo que los demás podrían pensar o sentir.

La literatura puede servir de complemento formativo para la enseñanza jurídica, pues hoy en día no podemos sostener una concepción del Derecho como rama del conocimiento desligada de un hecho tan obvio como es la íntima interrelación que existe entre ella y otras ramas del conocimiento humano relativas a las Ciencias Sociales.

Por lo tanto, esta disciplina nos puede ayudar o servir como herramienta de apoyo en la docencia del Derecho, pues tiene la capacidad para facilitar una comprensión más amplia, práctica y real de las situaciones jurídicas y, desde luego para promover una formación integral y humanística de estudiantes y profesores.

La literatura es un recurso didáctico que puede apoyar diversos temas en la enseñanza jurídica; es un medio para propiciar la reflexión, incentivar el aprendizaje y estimular el desarrollo de elementos de pensamiento, afectivos y sociales. Es un espacio de expresión que permite la cercanía hacia una realidad, a veces lejana que convierte al lector en testigo de situaciones desconcertantes o dudosas de la vida humana.

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Es un medio para realizar profundas reflexiones sobre la condición humana. Cabe recordar las palabras de la filósofa Nussbaum, “las obras literarias invitan a los lectores a ponerse en el lugar de personas muy diversas y a adquirir sus experiencias”3. Puede crear, además, el mejor ambiente para que se posibilite el desarrollo del pensamiento crítico, reflexivo, pues la literatura es una invitación que propicia a encontrar problemas, no una lección acerca de cómo resolverlos4.

Sin embargo, cabe aclarar, que la finalidad de la lectura de obras literarias nunca suplirá la exposición teórica de los conceptos y principios fundamentales y necesarios para la formación jurídica.

Al respecto, coincidimos con Herrera Orellana, cuando afirma que “… importa tener muy presente que al ensayar una comprensión de lo jurídico a partir de la Literatura, no se debe inducir a estudiantes y profesionales del Derecho a caer en el error de creer que lo que se les propone es apelar a las emociones, a la intuición o a la mera simpatía por los demás para, prescindiendo de conocimientos teóricos y técnicos así de las reglas y las instituciones concretas del Estado de Derecho, resolver adecuadamente los conflictos jurídicos…”5.

En fin, el presente ensayo es otro intento para acercarnos a la reflexión jurídica desde la mirada de la literatura. Es una invitación a transitar por las obras literarias como una estrategia en la enseñanza del Derecho. Lo que sigue constituye solo apenas una aproximación a la discusión de temas jurídicos mediante la novela venezolana La ciudad vencida de Yeniter Poleo6, que de ningún modo pretendemos abordar exhaustivamente, pero sí con la esperanza que pueda enriquecer nuestra formación.

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1. La ciudad vencida: una novela en la enseñanza jurídica

La novela La ciudad vencida, de la venezolana Yeniter Poleo, tal vez sea una historia de personajes imaginados, ficticios o inventados, pero nos confronta con nuestra historia, con acontecimientos reales, con episodios históricos del país. Es una novela que cuenta la historia de Cariú, una joven periodista que desaparece durante los sucesos del “Caracazo”.

Si bien no hay una narración cronológica, sistemática y ordenada de los hechos, la novela reconstruye el pasado del país, es una novela que retrata lugares, fechas, nombres y acontecimientos.

En todos los hechos que acompañan a los personajes es innegable que hay una profunda verdad, más allá que la escritora juega en el relato con los tiempos narrativos, en el fondo están los terribles acontecimientos que sucedieron a finales de la década de los años 80 y a comienzos de los años 90 del siglo XX: el asesinato o la masacre de 14 pescadores a manos de militares en 1988, caso conocido como “El Amparo”; la represión de la revuelta popular o desorden social de 1989, conocida como el “Caracazo”7y los dos intentos de golpe de Estado de febrero y noviembre de 1992.

Para Alario, especialista en la narrativa venezolana, la “acción y la reflexión política han motivado desde siempre un interés muy particular en el seno de la literatura. Son muchos los escritores de ficción que han encontrado en los conflictos políticos una fuente de inspiración para echar a andar su propuesta ficcional”8.

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Así pues, en La ciudad vencida los hechos históricos antes mencionados sirven de telón de fondo para que la autora pueda recrear las experiencias y conflictos de sus personajes en un ambiente político-social convulsionado, que para nosotros es un vehículo o un ejemplo práctico para reflexionar la crisis y transformaciones del sistema venezolano, en las que consideramos son bá -sicas para su planteamiento y discusión entre estudiantes y profesores, en especial, entre jóvenes que no vivieron estos acontecimientos o desconocen estos episodios, pues contando se conoce y se aprehende.

Si bien, en nuestra opinión, la novela no trata de explicarnos qué pasó, sí nos muestra lo que pasó, y a través de sus imágenes descriptivas Poleo permite reflexionar acerca de nuestro pasado y, por ende, comprender la realidad que hoy nos rodea. Quien lea la novela no dejará de asombrarse de la documentación e investigación periodística pormenorizada realizada por la escritora acerca de casi todo lo que aconteció a finales del siglo XX en el país.

La ciudad vencida es una novela que consideramos busca educarnos, en el sentido de que reconozcamos nuestros errores como ciudadanos y a su vez como sociedad, y de esta manera reencontrarnos para afrontar el caos en que vivimos, y en especial, que seamos responsables de las consecuencias de nuestras acciones para apostar por una convivencia más justa y democrática, y más aún en un Estado democrático en donde es fundamental el respeto y garantía de los derechos humanos, y que es garante de la efectiva vigencia del Estado de Derecho, uno de los principales retos que debemos afrontar.

Si bien la autora no toma partido de lo que sucedió en el país, sí insta al lector a enfrentarse y a cuestionarse como ciudadano. Precisamente como lector...

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