El diálogo social y la contratación colectiva

Autor:Efrén Córdova - Néstor De Buen
Cargo del Autor:Profesor de Derecho del Trabajo de la Florida International University - Profesor Emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
Páginas:435-474
 
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El diálogo social y la
contratación colectiva
1.- LOS TIEMPOS REMOTOS EN QUE NO HABÍA DIÁLOGO SOCIAL SINO1.- LOS TIEMPOS REMOTOS EN QUE NO HABÍA DIÁLOGO SOCIAL SINO
1.- LOS TIEMPOS REMOTOS EN QUE NO HABÍA DIÁLOGO SOCIAL SINO1.- LOS TIEMPOS REMOTOS EN QUE NO HABÍA DIÁLOGO SOCIAL SINO
1.- LOS TIEMPOS REMOTOS EN QUE NO HABÍA DIÁLOGO SOCIAL SINO
CONVERSACIONES EN FAMILIA.CONVERSACIONES EN FAMILIA.
CONVERSACIONES EN FAMILIA.CONVERSACIONES EN FAMILIA.
CONVERSACIONES EN FAMILIA.
El mundo del trabajo tiene antecedentes muy remotos: la Biblia obliga a
ganar el pan con el sudor de la frente, pero inclusive desde mucho antes de que fuera
formada, existían corporaciones de oficios de las que Guillermo Cabanellas dice
que su origen se pierde en la noche de los tiempos («Derecho sindical y corporativo»,
Editorial Bibliográfica Argentina, Bs. Aires, 1959, p. 23)) y que resulta difícil establecer
un punto de partida.
Suele citarse que en la India había asociaciones o corporaciones (sreni) de
agricultores, pastores, banqueros y artesanos, gobernadas por un consejo y capaces
de contratar y de comparecer en juicio. En el reinado de Salomón también son
conocidos organismos corporativos del pueblo judío. En Egipto se encuentran
corporaciones de guerreros, agricultores, traficantes, pilotos y porqueros. No faltan
rastros de las corporaciones en Palestina. Nada menos que Gayo, en el Digesto (Libro
47, Tit. XXII, Ley 4ª.) afirma que «Son compañeros los que son de un mismo Colegio,
que los griegos llaman compañía. A estos les permite la ley imponerse las condiciones
que quieran, con tal que ninguna sea contra el derecho público. Pero esta ley parece
que se trasladó de la de Solón: porque en aquella se expresa en esta forma: Si la
plebe o los hermanos o los que guardan los vasos sagrados, o los marinos, o los que
venden granos, o los que entierran en un mismo sepulcro, o los compañeros que
habitan juntos, o por causa de negociación, o por alguna otra causa: todo lo que
estos disponen por mutuo consentimiento, sea válido a no ser que se prohíba por las
leyes» (citado en mi obra «Derecho del trabajo», Tomo segundo, décima novena
edición actualizada, México, DF, 2005, p. 595).
La formación de los colegios romanos que agrupaban a personas de actividad
semejante, es un hecho importante. Mantenían una estructura corporativa de la que
formaban parte los cuestores, curadores o síndicos, encargados de los intereses
sociales; los simples miembros del Colegio y los magistrados que presidían las
deliberaciones. Tenían una casa común o schola donde se guardaba el tesoro del
Colegio, se servían las comidas y se rendía culto a los dioses.
Aunque no fue una regla general, la incorporación al Colegio era de por vida
con la ventaja para los colegiados de que estaban exceptuados de las funciones
públicas y en particular de los gravámenes municipales. A partir de Valentiniano
fueron exceptuados también del servicio militar, condición de privilegio en un país
imperialista como era el gobierno de Roma.
Las corporaciones vivieron en la medida del Imperio y su desintegración fue
consecuencia de la sufrida por el mismo Imperio.
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Néstor De Buen
En la temprana Edad Media, las invasiones de los germanos produjeron la
aparición de las guildas que nacen al calor de los convites, reuniones en que se
discutían los problemas de la paz y de las guerras. En realidad en la guilda se
integraban relaciones del tipo familiar, sustentadas en juramentos de ayuda y socorro
mutuo. Dice Guillermo Cabanellas que aparecen en el siglo VII o quizá después. Sus
principales objetivos eran la mutualidad y la beneficencia.
Había guildas religiosas o sociales, de artesanos y de mercaderes, sin carácter
profesional. Tenían una constitución democrática y en ellas aparecen ciertas
reglamentaciones del trabajo que atendían sobre todo a la calidad de los productos
y a los horarios de trabajo. En su escala gremial aparecen los aprendices (discipuli),
los compañeros (famili) y los maestros (magistri) que después integrarían a los
gremios. Su nota principal es la solidaridad.
Las corporaciones de oficios son el resultado del tránsito del campo a la
ciudad y del incremento de la actividad artesanal. En alguna medida, la construcción
de las catedrales en el siglo XII agrupó a millares de obreros inspirados en una fe
común. Hay, sin embargo, una razón económica que se pone de manifiesto en el
desarrollo urbano e industrial.
En realidad, el origen de los gremios radica en la necesidad de establecer el
régimen de los oficios, para efectos de su regulación. Con espíritu mutualista, llegaron
a formar empresas importantes, inclusive monopolizadoras, en las que la recíproca
cooperación económica para ayudar a los miembros necesitados comprobaba su
espíritu solidario.
Se repetía en los gremios el principio de la escala gremial (aprendices, oficiales
y maestro) y, además, una división de poderes con un organismo legislativo: la
asamblea, una comisión administrativa y los maestros jurados que sancionaban las
faltas de los integrantes de la corporación. Tenían estatutos y contaban con
patrimonio.
Los gremios tuvieron una vida muy activa hasta los principios de la Revolución
Industrial. Antes, el Edicto Turgot de 12 de marzo de 1776 trató de cancelarlos por
ser atentatorios en contra de la libertad, fórmula que la Ley Le Chapelier (14-l7 de
junio de 1791) y pocos años después, el Código Napoleón de 1804 acabaron de
confirmar.
Es importante poner de relieve lo que estas instituciones: colegios, guildas y
corporaciones de oficios (gremios) ponían de manifiesto: una relación permanente
entre aprendices, oficiales y el maestro. Suelo invocar como modelo el cuadro de
Velázquez, «La fragua de Vulcano» que muestra el trabajo conjunto y la permanente
comunicación entre los miembros del gremio. Todos con la misma ropa, en el ejemplo
muy escaso dado el calor de la fragua, haciendo tareas comunes en las que la
enseñanza del maestro y el trabajo de los oficiales son el vivo ejemplo para los
aprendices, muchas veces puestos por sus padres bajo la tutela del maestro.
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2.- EL DESCUBRIMIENTO DE NUEVAS ENERGÍAS.2.- EL DESCUBRIMIENTO DE NUEVAS ENERGÍAS.
2.- EL DESCUBRIMIENTO DE NUEVAS ENERGÍAS.2.- EL DESCUBRIMIENTO DE NUEVAS ENERGÍAS.
2.- EL DESCUBRIMIENTO DE NUEVAS ENERGÍAS.
En todo el período de los colegios, guildas y gremios o corporaciones de
oficios, la energía que se aplicaba al trabajo era humana o bien animal, del agua o del
viento. El descubrimiento de la energía del vapor transformó los procedimientos de
trabajo y prácticamente dio fin a la vida de los gremios. Sin duda aún existen talleres
gremiales en el mundo actual, pero sin la trascendencia que tuvieron antes de la
Revolución Industrial.
Las cuestiones tecnológicas se vincularon a las nuevas ideas, contrarias a los
regímenes monárquicos y partidarias de la libertad. Los Enciclopedistas rompieron
con las viejas estructuras autoritarias y hereditarias y sentaron las bases para que, a
finales del siglo XVIII se produjera el fenómeno político de la Revolución burguesa
en Francia.
La libertad se convirtió en el paradigma del Derecho, tanto en el privado
como en el público. Reinó la autonomía de la voluntad y la idea misma de la
democracia. El Estado nacería de un contrato social (Rousseau). Poco a poco la
burguesía fue asumiendo su papel directivo, para dejar atrás a los monarcas y a los
nobles. Quizá no para siempre.
Las nuevas tecnologías lógicamente afectaron al empleo. Era más fácil poner
a funcionar a las máquinas que a los hombres. Estos perdieron importancia en el
proceso productivo, pero no dejaron de sufrir las consecuencias. Aumentaron los
accidentes de trabajo, se incrementó la duración de las jornadas, las fábricas se
convirtieron en dormitorios de los obreros bajo notables condiciones de insalubridad
y la libertad, aunque parezca paradójico, brilló por su ausencia.
3.- LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL.3.- LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL.
3.- LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL.3.- LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL.
3.- LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL.
Dice el Diccionario de la Real Academia que revolución es «el cambio violento
en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación» (Edición vigésima
primera, Madrid, 1992). Y no cabe duda de que eso fue lo que ocurrió con la Revolución
industrial. De la convivencia permanente en los talleres gremiales que permitían la
comunicación constante entre el maestro, oficiales y aprendices se pasó a una relación
más que lejana que hacía prácticamente imposible esa comunicación y con ello
nacieron las exigencias de mejores tratos. No todos los antiguos maestros de talleres
se convirtieron en empresarios. Muchos, con toda seguridad, pasaron a engrosar al
proletariado porque el dominio del capital en las empresas quedó fuera del alcance
de esos maestros.
No cabe duda de que en las primeras etapas del proceso industrial, los
trabajadores no tuvieron conciencia de clase, esto es, no podían calificar el sentido
de las nuevas relaciones. Curiosamente hay que recordar que la Revolución política,
la que permitió el acceso de la burguesía al poder, supo que su principal enemigo no
sería la aristocracia desplazada sino esa nueva clase inconsciente de su posición en
las relaciones de producción.
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