Experiencias y dificultades en la cobertura de los trabajadores independientes

Autor:Luis Eduardo Díaz
Cargo:Profesor Titular de la Universidad del Zulia. Investigador del Centro de Estudios Laborales. Editor de la Revista Gaceta Laboral
Páginas:149-181
RESUMEN

1. Introducción. 2. Falsa autonomía y protección social. 2.1. Trabajador autónomo económicamente dependiente. 3. Administración y cotizaciones. 3.1. Administración. 3.2. Cotizaciones. 4. El reto: La cobertura. 5. Conclusiones. 6. Bibliografía citada.

 
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Luis Eduardo Díaz
Experiencias y dificultades en la
cobertura de los trabajadores
independientes
Luis Eduardo Díaz
Profesor Titular de la Universidad del Zulia.
Investigador del Centro de Estudios Laborales.
Editor de la Revista Gaceta Laboral
Congreso Internacional de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social. Memorias y Comunicaciones.
Revista Derecho del Trabajo n° 5/2008 (extraordinario) 149-181
Sumario:
1. Introducción.
2. Falsa autonomía y protección social.
2.1. Trabajador autónomo económicamente dependiente.
3. Administración y cotizaciones.
3.1. Administración.
3.2. Cotizaciones.
4. El reto: La cobertura.
5. Conclusiones.
6. Bibliografía citada.
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Experi encias y difi cult ades en la cobertura de los t rabajadores independientes
1. Introducción.
Puede tenerse la impresión de que el trabajo independiente concede
la libertad que el contrato de trabajo no ofrece. Ello parece incontrovertible.
Auto regular el tiempo de trabajo, es un beneficio que permite programar
tiempos de ocio y diversificar las fuentes de ingreso, aunque se sabe también,
por experiencia, que la protección social es menor, bien porque los seguros
sociales latinoamericanos no protegen la actividad independiente, o bien,
porque contratar con los privados, es una decisión varias veces postergada,
o ni siquiera culturalmente descubierta.
El prototipo de trabajador independiente es aquél que tiene libre
albedrío, la mayoría de las veces es un profesional, que goza de ingresos
estables y de una protección social que en el mejor de los casos, auto
financia; porque los seguros sociales lo permiten, o porque lo privados son
empleados, superado sean sus costos de contratación. Esta visión ha
cambiado mucho. Lo expresado no es sino una estampa, muy parcial y
reducida de un panorama que ha mutado, en reconocer que la autonomía no
es una decisión voluntaria y que la seguridad social se hace cada vez más
necesaria por el aumento del trabajo independiente.
Han sido los propios gobiernos los que han contribuido a ese
incremento. El gobierno de Québec, por ejemplo, es uno de los tantos
animadores gubernamentales que promociona el trabajo autónomo. En su
página oficial ofrece un test para posibles candidatos extranjeros a desarrollar
en esa provincia su propio negocio, con un mínimo de 100 mil dólares
canadienses de capital y 2 años de experiencia en el oficio. Se estimula el
trabajo independiente como oportunidad de carrera y de generación de
empleo, como política vale decir.
La perspectiva de que el trabajo autónomo se concentraba en
actividades en pequeña escala ha evolucionado, pasando a convertirse en
un movimiento que ya no le es ajeno al derecho del trabajo, preocupado por
el desplazamiento de los contratos laborales hacia formas conocidas como
atípicas, en las que el trabajo independiente, es una de ellas. Para el propio
derecho de la seguridad social, el trabajo autónomo era un particular modo
de afiliación, dado que su foco de atención fue la industria, y además, porque
los profesionales y artesanos, desarrollaron sus cajas de previsión. En efecto,
el trabajo independiente era artesanal a lo sumo, ubicado en oficios
tradicionales, en el comercio, principalmente (Moreno, 2007). Han surgido
nuevos o inclusive, algunos muy tradicionales; si bien con una extensión
mayor, como el turismo, que tanto encaja para el oficio independiente, el
transporte o los servicios personales, culturales o recreativos. No existe de
forma absoluta, la impresión del trabajador autónomo como dueño de su
propia plaza; sino integrado a una larga cadena de negocios especializados,
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donde éste se concentra en alguna de sus partes, o salta de un eslabón a
otro, enfocando su atención en diferentes anillos del atadero.
Esta variación de enfoque, de no concebir al trabajador independiente
ajeno a la realidad del mercado laboral, de la previsión social, y a su
crecimiento; por impulsos gubernamentales o por nuevos negocios, será
sin embargo muy parcial, sino se toma al desempleo como causa principal
de su aumento. Llama la atención, por ejemplo, como una disminución del
sector de la construcción en Tenerife, produzca irremediablemente, un
crecimiento de la autonomía (Finanzas.com, 2007). El salario no es
suficiente, ni hay suficientes empleos para producirlo. Para aplacar los efectos
de la desocupación, un modo de trabajo emprendedor, el businessman, se
ha apalancado, especialmente por los multilaterales en los 90, lo que en el
contexto argentino será cuestionado, después de la dura crisis del 98-2001,
cuando se ensaya como reacción, recuperar empresas abandonadas, como
génesis de una economía social (Di Marco y Palomino, 2004).
Hay entonces un crecimiento del trabajo independiente empujado por
el Estado que ha sistematizado su intervención de tres maneras (Lyon-
Caen, 1997):
_ Con acciones sobre la oferta de empleo. En este sentido encontramos
una legislación económica y fiscal que estimula la oferta, y medidas de
reducción del costo del trabajo y de reducción de la jornada de trabajo.
_ Por el lado de la demanda de empleo, se trata esencialmente de la
formación profesional y las especializaciones, y finalmente,
_ Las medidas con respecto al volumen de la mano de obra, que tienen
por objeto, el retiro o entrada al mercado de trabajo (jubilaciones anticipadas
o regulación de los flujos migratorios).
Claro que existen otras causas más bondadosas para justificar el
empleo independiente: Una de ellas es la de los trabajadores con capacidad
y cultura para el ahorro que emprendieron sus propios negocios, después
de una trayectoria laboral significativa de 25 o 30 años, o bien; existe un
entorno de seguridad económica y jurídica para adjudicarse riesgos
empresariales.
Pero no basta lo dicho, que la sociedad cuenta con más oficios y
actividades, o que el Estado es su gran promotor o el desempleo, es su
principal carburante, sino que; también hay un desmembramiento de los
complejos industriales, del modelo de integración de las empresas, lo que
ha dado origen a una descentralización productiva (Leite y Da Silva, 1991).
Esto es, se han afinado los objetivos corporativos o dicho de otra manera,
las empresas son trozos de unidades económicas, o trabajan en redes (Lyon

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