Inquietudes populares II

Ese miércoles estuvimos reunidos unos cuantos más. No demasia dos, pero en cierto modo un porcentaje digno que justificó un encuentro a las 6:00 pm en medio del caos ya legitimado de la ciudad. Lo inquietante era cruzar personajes de latitudes disímiles que habían intercambiado sus distritos y trascendido sus lejanías. Por un lado, reconocidos artistas del ahora controversial término arte popular presidían la mesa del foro. En las sillas, un público integrado por creadores e investigadores de generaciones y tendencias diversas esperaba el inicio de la palabra. Había rumor, expectativa, novedad. Las variables brotaron pronto. Dionicio Veramendez y su esposa Gregoria Rodríguez, Jorge Romero y Daniel García Volcán estaban en el estrado junto al crítico Perán Erminy y la ge rente Karina Zavarce. Todos desarrollaron sus discernimientos personales acerca de aquella diatriba iniciada en el primer foro. Se habló de mercado, de silencios, de obstrucciones, de no querer ser llamado ingenuo. Algunos argumentos abrieron las brechas del populismo, los factores de la competencia, los plagios, las tretas de la incomprensión y el infortunio. En las voces vibraban los destellos de la supervivencia, del arte como una forma vital, como una manera de existir... Si no pinto me muero, parecía ser la frase colofón que seguía a cada una de las intervenciones. Mientras los escuchaba en ese espacio contemporáneo de La Caja, en el Centro Cultural Chacao, me visitaban de nuevo las resonancias de la primera conversación en la Fundación Bigott. Recordé a Perán cuando nos comentó el vínculo que los pintores del Taller Libre de Arte tuvieron con la coleccionista cubana María Luisa Gómez Mena; entre los sucesos narrados recuerda con vergüenza cuando les llamó la atención porque se reían y comentaban...

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