REFLEXIONES EN TORNO A LA PROBLEM

AutorGarcells Su

REFLECTIONS ON THE PROBLEM OF GOOD AND EVIL FROM AN AESTHETIC-LITERARY PERSPECTIVE

Entre los acontecimientos fundamentales de la época moderna se constituyen, sin duda, la Revolución Industrial (XVIII), la Ilustración (XVIII), la Revolución Francesa (1789), así como la consecuente división de los poderes político y religioso o secularización. Como resultado, suele atribuirse también a estos procesos la institucionalización del ateísmo en la sociedad contemporánea. Según esta perspectiva, el fenómeno pudiera verificarse también en cualquiera de las ramas del conocimiento humano, entre ellas el arte y la filosofía. Lo cierto es que, si bien el artista y el filósofo logran independizarse de la Iglesia como institución, por otro lado, no dejan de ser religiosos de la noche a la mañana. La religión sigue siendo una estructura vital, a pesar de que en lo que sigue será asumida de un modo menos convencional. En este sentido, puede notarse una inclinación creciente hacia otros marcos religioso-espirituales que habrían sobrevivido implícitamente a milenios de reconversión, rectificación o extirpación.

Aquí, por ejemplo, debemos destacar la influencia que en lo sucesivo tendrá, tanto para el arte como el pensamiento, una especie de >, o casi, recuperado magistralmente por el literato alemán Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832). Este > constituye, por decirlo de algún modo, una especie de relectura no convencional del cristianismo, más bien de tipo popular, pero que con el tiempo va adquiriendo un estilo mucho más sofisticado. Se trata de Fausto, una antigua leyenda alemana que ha sido versionada en muchas ocasiones. De hecho, la historia del hombre que entrega su > al demonio a cambio de ciertos beneficios se puede remontar hasta el mismo pecado original (2) o la trágica experiencia de Judas. Sin embargo, en concreto existen un par de referentes bien sólidos: El primero es el caso > del alquimista y nigromante alemán Johann Georg Faust (1480-1540), conocido también como Georgius Faustus o Georgious Sabellicus (3), que aparece en Historia von D. Johann Fausten de autor anónimo, publicada en 1587 por el librero de Frankfurt, Johann Spies; y el segundo es The Tragical History of Doctor Faustus, de Christopher Marlowe (1564-1593), basada en la traducción inglesa del primero y que ve la luz en 1604. (4)

Sin embargo, es a partir de la pieza de teatro de Goethe--escrita en 1808--que se convierte en un referente continuo entre los artistas y filósofos de la modernidad. La obra inspiró a músicos como Richard Wagner (1813-1883) y Charles Gounod (1818-1893), y a literatos como Thomas Mann (1875-1955) y Mijaíl Bulgákov (1891-1940), entre otros. Entre estos dos últimos puede distinguirse repartido, el o los sentidos contemporáneos definitivos del tema de Fausto, al menos desde una perspectiva euro-occidental. Esto es, teniendo en cuenta que el personaje de Fausto en Goethe queda inusitadamente redimido5 de su oscuro pacto: >. (6)

Por su parte, en el caso del Doktor Faustus (1947) de Thomas Mann, la historia vuelve a convertirse en una tragedia lamentable:

Mi pecado es demasiado grande para serme perdonado y mis elucubraciones lo agravaron todavía (...) Bien me doy ahora cuenta de que tan desvergonzado comportamiento hace del todo imposible la compasión. (7) En lo que respecta al escritor ruso Mijaíl Bulgákov, su novela El Maestro y Margarita (1940) consiste por otra parte, en una reinterpretación irónica del personaje de Satanás. Aquí el Ángel Oscuro tiene la (¿justa?) misión de revelar (y poner orden en) la decadencia y la corrupción de la Moscú estalinista de los treinta. Por otro lado, constituye también una figura sensible a las pasiones humanas, especialmente al amor, funge como restaurador de esta condición y hasta salvador en cierto sentido de la palabra. En resumen, que aquí el diablo se encarga de realizar el trabajo de Dios, dejando una especie de vacío, incertidumbre, en lo que respecta al papel de este último o incluso a su propia existencia o a la necesidad de salvación alguna: . (8)

Estas dos obras se encuentran cargadas de un sentido metafórico muy profundo, socio-político y moralmente también. Así, no pocos hermeneutas se adhieren a su valor simbólico-estético y dejan de un lado, naturalmente, aquello en lo que creyeron y experimentaron al respecto estos autores, si es que lo hicieron. Bulgakov, por ejemplo, parece que no solo pretendía denunciar los excesos de la Moscú estalinista, sino ridiculizar también el ateísmo soviético (9), a pesar de que él mismo era ateo. De algún modo esta es la razón por la cual la novela desarrolla un argumento paralelo en el que transcurre un largo diálogo entre Poncio Pilatos y Cristo. Lo cierto es que termina estableciéndose una curiosa ambivalencia entre el bien y el mal, lo divino y lo profano, que indudablemente debía fascinar al propio Bulgakov.

Otros famosos también mostraron este tipo de ambivalencia, una especie de sofisticada fascinación por el demonio. Como Charles Baudelaire (1821 1867) con este (10) o aquella > (11). Aquí el poeta deja traslucir cierta convicción en la existencia del demonio e incluso cierto tipo de empatía o admiración, no menos irónica o paradójica, sin olvidar tampoco que se trataba de un contexto histórico determinado, en el que la frase también podría funcionar alegóricamente. No obstante, en específico esta empatía o conexión entre el artista y el demonio, entre la creación y el mal, es la que sería más tarde desarrollada por Thomas Mann en la referida novela, Doktor Faustus y, de alguna manera, por el mismo Bulgakov, en el Maestro y Margarita, cuestión que revela en lo sucesivo determinado patrón que vale la pena examinar.

Releyendo extractos del diario de Thomas Mann, en su texto La novela de una novela: Los orígenes del Doktor Faustus (1949), es que aparecen con frecuencia una serie de alusiones, lecturas, referencias al nazismo alemán, etc., que permiten rastrear este patrón, y de cómo se fue conformando en el artista la consciencia de que existe una afiliación peculiar entre el arte y la maldad, al menos desde su punto de vista. Es el caso de ese > (12), o las continuas asociaciones que realiza entre algunos grandes artistas y filósofos con el malestar propiamente dicho, la enfermedad, la soledad. en Schopenhauer, Nietzsche, Freud (13); así como otras alusiones e interpretaciones de grandes clásicos que abordan el tema desde una faceta más secular, como Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde (1886) de Robert Louis Stevenson (1850-1894). No obstante, llama mucho más la atención en la propia novela, Doktor Faustus, esa sensación de esterilidad, de desaparición de toda belleza y, al mismo tiempo, de la necesidad de recuperar esta belleza de cualquier manera y a cualquier precio a través del arte: >. (14)

A partir de todos estos elementos, es decir, ese patrón al cual hemos hecho referencia ya, es que podemos identificar como uno de los rasgos consustanciales a la última era, esto es, desde la baja modernidad (finales del XVIII), la tendencia creciente hacia el ocultismo y las denominadas ciencias y artes del >. Los calificativos derivan, por supuesto, generalmente de aquellos círculos conservadores de la Iglesia y de las sociedades más tradicionales, que todavía forman parte del panorama contemporáneo. Los movimientos contraculturales y sus tendencias >, en específico desde la pasada década del 60 en adelante, en relación no solo con la psicodelia y el uso de estupefacientes, sino como consecuencia de su propia filosofía, han alentado lógicamente también opiniones de este tipo.

Ahora bien, la vinculación del ocultismo, de las sectas esotéricas y hasta de las logias, con el denominado culto satánico resulta al menos en principio, imprecisa y, por tanto, un poco difícil de constatar, no solo por cuestiones cronológicas, a través de estas tendencias modernas y juveniles de los 60. Es el caso de Helena (Madame) Blavatsky (1831-1891) y el movimiento teosófico, el cual arrastraría a no pocos artistas brillantes dentro de sus filas, como Kazimir Malévich (1878- 1935), Vasili Kandinsky (1866-1944) o Piet Mondriaan (1872-1944). La teosofía, sin embargo, se trataba en definitiva de un movimiento de corte > que predicaba la universalización de las religiones, es decir, lo divino como fenómeno único y originario, la unidad trascendente de las religiones o parte de estas. No obstante, la propia Blavatsky en su libro La clave de la teosofía, intenta desmarcarse de la cuestión religiosa, presentando un giro secular en torno a las principales elucubraciones de la >, esto es, terminología vinculada tradicionalmente con cuestiones de tipo religioso o sagrado, como las palabras >, >, etc., pero que aparecen recontextualizadas en un orden secular. (15)

Durante la Ilustración y más tarde, entre el siglo XVIII y XIX, existe una tendencia hacia la deslegitimación de la Iglesia, esto conocido también como "secularización", que se manifiesta a través de una especie de empoderamiento del ser humano, ya sea de tipo racional, humanista, o en ritualidades seculares. A todo esto, el religiólogo rumano Mircea Eliade ha denominado en algún momento >, >, valga la paradoja (16). Dentro de la teosofía, parece que la palabra > y el resto de los términos, como > o >, por solo citar algunos, experimentan esta forma de > o legitimación del ser humano, en detrimento de la misión de la Iglesia como institución religiosa dominante ecuménica. Existe incluso el intento de superar toda tradición, utilizando otras terminologías igualmente tradicionales que son reinterpretadas con un sentido más universal, como las palabras > y >. (17)

Aquí, por ejemplo, la palabra > como alternativa suprema a la propia verdad, valga la redundancia, se convierte en un remedo del otro término antiguo y legitimado por la cultura griega, la palabra >, ahora como alternativa a la propia sabiduría. Esto quiere decir que > y >, se convierten en sinónimos entre sí, así como en disyuntivas seculares...

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