La semilla de la discordia

 
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E n Guárico la prolongada sequía de este año hizo que apenas se lograra sembrar 75.000 hectáreas, la mitad de las disponibles en ese estado llanero. La dificultad para regar los cultivos generó la pérdida de miles de cosechas de maíz y otros rubros agrícolas en varias regiones del país.Perder la siembra significa una crisis económica y social para muchos productores y campesinos que dependen de la actividad. Habrá que refinanciar o reestructurar los créditos, volver a solicitar insumos y conseguir semillas. Es una carrera contrarreloj que no tiene al clima como mejor aliado.Semillas de maíz resistentes a la se quía, a las malezas y a las plagas forman parte del portafolio biotecnológico disponible para el uso del área agrícola, gracias al desarrollo de la ingeniería genética en buena parte del mundo. Sin embargo, en Venezuela el asunto de los transgénicos aún está vetado y es controversial. Los productores apoyan que se comience a debatir su uso, mientras que el gobierno se niega a permitir estos cultivos por considerarlos potencialmente perjudiciales para la salud y una amenaza a la cultura del pequeño agricultor que lo hará dependiente de grandes corporaciones.El desarrollo biotecnológico ha mejora do la resistencia de semillas tras el estudio de su ADN y la transferencia de este entre organismos. Maíz, soya, remolacha, algodón y lechosa son los cultivos más comunes a los que se les aplica este avance en el mundo. Movimientos sociales señalan que consumirlos puede producir cáncer y diabetes, además de los riesgos que representa para el medio ambiente y la biodiversidad; sus defensores alegan que no hay pruebas que demuestren que sean dañinos para la salud.La realidad es que su cultivo crece en América, Asia y África, y en algunos países en los que está penalizado se busca permitirlos. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, declaró hace poco que la prohibición del uso de esta tecnología en su país es un error que hay que enmendar. Solo entre Argentina y Brasil suman 65 millones de hectáreas de esos cultivos.En la Unión Europea hay severas restricciones, aunque cada país tiene la potestad de decidir unilateralmente su uso. Recientemente Italia y Francia, donde el consumo de productos orgánicos y con denominación de origen es cada vez más valorado, han prohibido la utilización del maíz modificado que se permite en la eurozona. En España y Portugal, en cambio, sí está...

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