SÓCRATES Y EL CINISMO, CLAVES PARA REPENSAR LA PRÁCTICA DE LA FILOSOFÍA Y SU RELACIÓN CON EL CUERPO.

AutorCaudillo Lozano, Jonathan

SOCRATES AND CYNICISM, KEYS TO RETHINK THE PRACTICE OF PHILOSOPHY AND ITS RELATIONSHIP WITH THE BODY

  1. Introducción

    Es bien sabido que una de las dificultades para abordar la figura de Sócrates a nivel no solamente histórico, sino filosófico, es el hecho de que solo tenemos los testimonios y las noticias de sus interlocutores. Tal vez a este hecho habría que agregar que uno de sus discípulos adquirió con el tiempo una fama tan avasalladora en occidente, que su relato acerca de Sócrates se instaló profundamente en el imaginario popular, al grado de que es casi imposible disociar al filósofo ateniense de la solemnidad con la que es descrito en los diálogos de su discípulo más recordado, nos referimos al célebre Platón.

    Es de resaltar que, si limitamos nuestra comprensión de Sócrates al personaje construido por Platón, la concepción de la práctica de la filosofía podría suponer una separación de la realidad mundana, e incluso puede implicar un alejamiento de la corporalidad, tal como se ha entendido al quehacer filosófico durante buena parte de la historia de occidente. Basta recordar el diálogo platónico Fedón, donde la filosofía se entiende como una preparación para la muerte.

    Ahora bien, el hecho de que Sócrates sea la pieza que falta de un gran rompecabezas implica que todo testimonio de su práctica y forma de vida filosófico no supone una clausura entre dichas fuentes, sino que nos presentan un personaje complejo y paradójico tal como la vida misma. En el presente trabajo se intentará rastrear otros aspectos de la figura socrática cuyas características tienen influencia en el cinismo antiguo. El interés que se encuentra en la base de esta búsqueda por el punto de encuentro entre el la filosofía socrática y el cinismo antiguo es el de ampliar la complejidad y riqueza de la filosofía como una forma de vida que nos permita repensar su potencia y vigencia.

  2. El otro Sócrates

    La forma de vida socrática llega a la modernidad bañada con una luz de solemnidad que puede hacer pensar que el proyecto socrático pudo ser aceptado en su época por sus compatriotas sin mayores resistencias, claro que sabemos por la Apología de Sócrates escrita por Platón, que finalmente la filosofía socrática se hizo de suficientes enemigos como para terminar condenado a beber la cicuta. Pero Diógenes Laercio nos muestra que la antipatía de algunos atenienses en contra de la forma de vida socrática llegaba a tal punto que las cosas terminaban a golpes:

    Muchas veces discutiendo con vehemencia recibía puñetazos y arrancadas de pelo, y las más era despreciado y lo tomaban a risa. Y todo esto lo soportaba pacientemente. Una vez le dio uno una patada, y, como lo aguantara, a uno que se asombraba, le comentó

    Veis, en efecto, que Sócrates está en disposición amorosa con los jóvenes bellos, que siempre está en torno suyo y se queda extasiado, y que, por otra parte, ignora todo y nada sabe, al menos por su apariencia. ¿No es esto propio de sileno? Totalmente, pues de ello está revestido por fuera, como un sileno esculpido, más por dentro, una vez abierto, ¿de cuántas templanzas, compañeros de bebida, creéis que está lleno? (3) Pero la asociación de Sócrates con la imagen del sileno no se detiene únicamente en el testimonio platónico ya que Jenofonte en su Banquete también hace esta misma relación, aunque no profundiza demasiado en ella:

    Oyéndote hablar>>, dijo Sócrates,

    Es cierto que la fealdad física de Sócrates es tan celebre que es señalada prácticamente en todos los testimonios y referencias, sin embargo, tal vez es posible reinterpretarla, no solamente de manera física sino también espiritual, ya que su manera de vivir era tan atípica que reforzaba aún más el rechazo de muchos de sus compatriotas como fue el caso de Aristófanes.

    Siguiendo con el testimonio de la manera en la que se recibió a Sócrates y sus seguidores, no discípulos, ya que parece que esta descripción respecto a la relación con sus interlocutores no era especialmente de su preferencia, Claudia Mársico en su libro Socráticos. Testimonios y fragmentos, nos dice que el orador y político Isócrates no se mostraba especialmente partidario del socratismo y su manera de entender las necesidades políticas de la polis ateniense:

    El criterio de utilidad es esgrimido como indicio de que los juegos socráticos se pierden en cuestiones sin relevancia y no ofrecen una respuesta taxativa al problema práctico por antonomasia, que es el gobierno de los hombres. En efecto, la enseñanza isocrática persigue la formación de hombres hábiles para gobernar, por tanto supone que en ese aspecto reside la diferencia fundamental entre su propuesta y la de sus adversarios (5). La concepción de areté o excelencia entre los griegos del periodo clásico tenía una clara influencia homérica, pues era entendida de manera militar. Esta comprensión de la excelencia, posteriormente traducida como virtud, era la base de la formación política y cultural del movimiento sofista. El hecho de que Sócrates diera un giro subversivo a este valor cultural y lo orientara a una transformación ético-espiritual que dependía de un ejercicio profundo de conocimiento y cuidado de sí, no fue bien visto por Isócrates que consideraba esto como una pérdida de tiempo ante la necesidad de formar hombres que fueran hábiles para gobernar y que debían tener un conjunto de conocimientos útiles para esta tarea. Debido a esto, para...

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