Leer un país

El domingo pasado la oposición obtuvo una sorprendente victoria política.Más allá del resulta do electoral, lo ocurrido hace siete días representa un cambio fundamental en el escenario del país. Lo que hemos vivido después tiene que ver más con la administración de esa victoria y con el enfrentamiento a un sistema parcializado, a una lite que sólo sabe manejarse en contextos de guerra, que entiende las relaciones democráticas como un permanente ejercicio bélico. El chavismo sin Chávez ha demostrado ser sobre todo un movimiento reactivo. Actúa como si viviera siempre amenazado. Una agresiva inseguridad casi es su mejor definición.El 14 de abril era la primera gran prueba para el carisma de los herederos del líder y para la industria de culto a la personalidad en la que el gobierno ha invertido mucho tiempo, mucha creatividad y muchísimo dinero. El fracaso fue total. Ni siquiera la manipulación religiosa funcionó. Venezuela volvió a mostrar su identidad pagana e irreverente. La iglesia pidió diez millones de ofrendas como prueba de amor al mesías y los fieles se salieron del templo. El PSUV obtuvo menos devoción que la MUD.Al final, la gente ni siquiera votó por Maduro. La gente votó por Chávez, aun a pesar de Maduro. No pueden quejarse porque esa fue su campaña. El Presidente proclamado por el CNE sigue siendo un suplente.No es un líder, sino un sustitu to. En realidad, el país eligió a alguien que ya no existe.Los análisis que ha intenta do poner a rodar cierto sector del oficialismo dan un poco de vergüenza. Es ridículo presentar al gobierno como una víctima de la economía, del dólar paralelo o de la crisis eléctrica. Solo les falta denunciar, en estas últimas horas, que Jorge Giordani es un infiltrado, fi nanciado por la CIA; un traidor que lleva años conspirando, que es compinche de Ramón Guillermo Aveledo, que sabotea desde adentro el proyecto revolucionario de la economía popular. Nunca es muy saludable creer que los demás son muy pendejos.Hay cosas que con Chávez fluían pero que, sin Chávez, solo crujen. En pocos meses el discurso oficial ha envejecido de manera repentina. Ha perdido gracia, fuerza, densidad.Cada vez es más la retórica áspera de cierta izquierda universitaria, simple y mecánica.Ha ido perdiendo el hechizo.Falta algo. Maduro a veces parece un hombre que se hunde en el vacío, que manotea desesperado, tratando de aferrarse a una frase, a otra; intentan do agarrar una mueca, repetir algún truco; probando sostenerse de un...

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