La mirada contemplativa, clave en la escena infantil

Aquiles es un ratón diferente. Él admira a las hormigas, colorea las alas de las mariposas, dedica sus horas a la contemplación. Es criticado en su colonia porque mientras él se detiene en los detalles sus vecinos trabajan la tierra a toda hora. Un día, una tormenta deja a los roedores sin modo de sobrevivir y caen en la desesperación. Será Aquiles quien con su poesía los ayude a acabar con la desidia en Cajita de arrayanes. La pieza, escrita por Lutecia Adam y con música de Alecia Castillo, vuelve a la escena tras su estreno, hace más de 20 años, dirigida por Armando Carías. Las funciones comienzan el sábado y se mantendrán durante 2 fines de semana en el Teatro Nacional. Luego la obra se montará en el Teatro de Catia. El epicentro de la esceno grafía es un alto carrusel, metáfora de la vida circular e infinita de la rutina. La melodía remite a la cultura venezolana con merengues, valses, joropos, romanzas y serenatas. La producción corresponde a la Compañía Nacional de Teatro y en la historia participan actores del Teatro Universitario para Niños El Chichón. Es una pieza que expresa un gran sentimiento de solidaridad. Su mensaje es que la creación y el trabajo intelectual son tan valiosos y necesarios como el labrar la tierra, fabricar edificios y producir bienes materiales. Necesitamos cultivar el espíritu y sólo lo logramos si trabajamos unidos, expresa el director de la obra. Cajita de arrayanes, ganadora del Premio TIN a la Mejor Dramaturgia y del Premio Municipal de Teatro en la categoría de Mejor Vestuario en 1988, está inspirada en la...

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