Un paciente más

 
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Escribo estas líneas el miércoles en la noche y sospecho que Ernesto Villegas podría aparecer ahora, en cadena forzada de radio y televisión, leyendo uno de sus reportes, y nada cambiaría. Todo transcurriría igual, con la misma ambigüedad oportuna y veraz que ha caracterizado a la comunicación oficial en los últimos meses. El ministro podría decirnos, nuevamente, que el Presidente está siguiendo sus tratamientos, que el equipo de médicos cubanos asegura que está estable, que el pueblo debe seguir rezando, que ¡viva Chávez! El mensaje no tendría ninguna variación trascendente. Ciertamente, Chávez regresó al país. Pero todo continúa como si él todavía estuviera en Cuba. La idea de un vuelo inespera do, en la madrugada del lunes pasado, con algunos mensajes desperdigados en el Twitter y ninguna imagen disponible, sólo funciona para seguir ensayando esa especialidad nacional que es la especulación. Que si vino porque ya está curado y sólo le falta terminar un pelín del postoperatorio. Que si vino porque anda mal y quieren dejar ya organizada la sucesión. Que todo es una patraña: que no vino. Que vino y entró caminandito a su habitación. Que vino porque ya no se aguantaba más allá, tan lejos. Que no fue que vino sino que lo mandaron... Ahora todos somos expertos en el deporte extremo de las conjeturas. Los silencios oficiales suelen multiplicar las teorías de las conspiraciones. Ante el vacío de información, resulta muy tentador imaginar que existe un orden oculto y enemigo, perfectamente orquestado para ocultarnos la realidad. Ya se sabe: los cubanos, además, estudiaron en la universidad de la Guerra Fría. Y llevan más de 50 años de autoritarismo consentido, construyendo una sociedad donde el control de la verdad es uno de los planes primordiales del gobierno. Al amanecer del lunes pasado, en muchos lugares del país, el oficialismo implementó un operativo para lograr generar una suerte de euforia colectiva: Volvió-volvió-volvió. Como si alguien lo hubiera expulsado. Como si estuviéramos ante un retorno glorioso. Por eso tal vez la estrategia fracasó. Porque se trató más bien de un regreso casi clandestino. Porque, en el fondo, todavía el Presidente sigue siendo una ausencia. La terapia clínica es una geo grafía aparte, pertenece a otro mapa. Chávez realmente está en el territorio de la enfermedad. Y mientras no exista...

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