Las parejas se casan tardíamente y eso aumenta los índices de fertilización asistida

 
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El invento de Francisco Rísquez en 1986 ­un catéter para desobstruir las trompas sin recurrir a la cirugía­ llamó la atención del científico Robert Edwards, pionero de la reproducción humana in vitro. El encuentro entre ambos ocurrió hace más de 20 años, y desde entonces el ginecólogo-obstetra ha trabajado codo a codo con Edwards, ganador del Premio Nobel de Medicina en 2010. Las investigaciones del mé dico británico permitieron el nacimiento de la primera bebé probeta, un hecho que ocurrió en Inglaterra en 1978. Ese logro científico ha permitido combatir la infertilidad que afecta a más de 80 millones de personas en el mundo. Rísquez ha sido testigo de la evolución de la técnica en Europa y en Venezuela, desde la clínica de fertilidad del Centro Médico Docente La Trinidad. --En 3 décadas, más de 4 millones de bebés han nacido por fecundación in vitro. ¿Qué implica que el pionero de esa técnica haya re cibido el Premio Nobel de Medicina? --El Premio Nobel otorgado a Edwards, que tiene actualmente 85 años de edad, simboliza el reconocimiento a la técnica de la fecundación in vitro. El médico tuvo la osadía de interesarse en un tema vetado por décadas, como es el estudio en laboratorio de la interacción del óvulo y el espermatozoide. El nacimiento de Louise Brown la primera bebé probeta marcó un hito en la medicina y causó un impacto que todavía se siente. Cambió la forma como está bamos acostumbrados a procrear. Esta técnica tiene un impacto social, cultural, ético y generacional. --¿Cómo surgió su vínculo profesional con Edwards? --Decidí especializarme en fecundación in vitro en 1986 y me fui a Europa, donde se originaron las investigaciones. Mientras trabajaba en la maternidad de Baudelocque en París en 1987, me propuse encontrar un método distinto para llegar a las trompas de Falopio sin intervención quirúrgica, pues en esa época sólo se obtenían los óvulos por laparoscopia cirugía en el vientre. Entonces diseñé un catéter para ese procedimiento vía transvaginal, junto a mi profesor Jean René Zorn. Comenzamos a desobstruir las trompas como por arte de magia. En un congreso en Suecia presentamos nuestro trabajo y fue allí donde se me acercó Edwards. El catéter le llamó mucho la atención. Me pidió que colaborara con él en varias investigaciones, y desde que regresé a Venezuela, en 1992, trabajamos en varios proyectos editoriales: en la revista que él dirigía, Hu man reproduction,...

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