Dos argumentos sobre la unidad de las virtudes en Platon: Protagoras 329b-332a.

Autor:Morales, Fabio
 
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Introducción

La doctrina de la unidad de las virtudes, o sea, aquella según la cual las virtudes forman una determinada unidad, fue sostenida por la mayoría de los grandes pensadores de la filosofía griega clásica. (1) Sin embargo, los filósofos antiguos hicieron gala de una especial parquedad a la hora de referirse a la misma, por lo que no es extraño que ya en el período helenístico se suscitaran grandes controversias sobre el tema. La idea de la unidad de las virtudes se suele conectar con la tesis de que no se puede poseer una virtud individual sin tener al mismo tiempo todas las demás; se trata de lo que en la literatura especializada se ha denominado como la tesis de la reciprocidad, bicondicionalidad o inseparabilidad de las virtudes. (2) Según otra lectura, la unidad de las virtudes implicaría una aseveración mucho más fuerte: que todas las virtudes individuales son en el fondo manifestaciones de un único estado del alma, una cierta disposición del carácter que puede revelarse ya de una manera ya de otra, según lo requieran --digamos-- las diversas circunstancias en las que se tiene que actuar; (3) y los nombres con que la gente designa a las distintas virtudes (valentía, justicia, moderación, etc.) no serían sino expresiones de los diversos ámbitos --y de las disposiciones de carácter correspondientes-- en que se ejerce la virtud. Esta segunda lectura suele conocerse como tesis de la identidad --y no ya mera "unidad"-- de las virtudes. (4)

En este breve trabajo no aspiro, por supuesto, a dilucidar todos los argumentos que se han elaborado en torno a la doctrina de la unidad de las virtudes, y ni siquiera pretendo hacer una exposición completa de la misma tal como aparece en Platón. Trataré de esclarecer, en cambio, dos difíciles argumentos que figuran en lo que pareciera ser uno de los primeros planteamientos del problema en la historia de la filosofía: las páginas 329b-332a del diálogo Protágoras. A pesar de la brevedad de estos pasajes, y de que Platón se aproxima en su obra al problema de la unidad de las virtudes desde diversos ángulos, considero que los argumentos que me propongo analizar son representativos de su posición general; lejos de estar basados, como se suele creer, en inferencias ilegítimas, resultan convincentes, siempre y cuando se los sitúe en el contexto adecuado.

En los textos aludidos, pues, el personaje Sócrates le pregunta a Protágoras si las distintas virtudes deben ser comprendidas como una unidad con distintos nombres, o, más bien, como múltiples entidades que, a pesar de encontrarse en un mismo género, son totalmente independientes entre sí.

Dos analogías sobre la relación entre las virtudes

Para ilustrar el punto central del debate, el personaje Sócrates se vale de dos analogías (329 d4-e2); plantea, esto es, que las virtudes individuales pudieran estar mutuamente relacionadas o bien como lo hacen las partes de un rostro, o bien como los trozos de oro de un conjunto de este material. En este último caso, las partes serían, por supuesto, homogéneas, y diferirían entre sí únicamente en tamaño y posición. En cambio, de acuerdo a la analogía del rostro, cada parte (los ejemplos aducidos son: ojos, nariz, boca y oídos) se caracterizaría por una "potencia" (Cf. dynamin, 330 a4) o función característica propia (quizá: la vista, el olfato, el gusto, etc.); es de suponer que esta función es concebida por Sócrates de manera tal que permita definir la correspondiente parte del rostro, en contraposición a las demás. Este cuadro de las dos posiciones en disputa va seguido en el texto por tres argumentos con los que Sócrates intenta refutar la posición de Protágoras, quien aquí ha tomado partido por la analogía de las partes del rostro, esto es, por la tesis de la diversidad y mutua independencia conceptual y existencial de las virtudes. (5) Los tres argumentos empleados se dirigen básicamente a mostrar que la pretendida independencia recíproca de las virtudes no es tal, ya que éstas se encontrarían íntimamente ligadas entre sí. El sentido de esta estrecha relación puede, sin embargo, ser interpretado, como ya dije, básicamente en dos sentidos mutuamente excluyentes: o como reciprocidad, o como identidad. En este trabajo me ceñiré al análisis de los dos primeros argumentos empleados por Sócrates, debido a que el tercero --el que compara a la justicia con la moderación-- está deliberadamente formulado de manera incompleta, y su discusión exigiría recurrir al resto de la obra.

La segunda imagen, la del oro, no brinda resultados conclusivos sobre la tesis de la identidad. La analogía pudiera interpretarse tanto a favor de esta última (si se privilegiara el aspecto cualitativo del oro, que es, obviamente, el mismo en cada uno de los trozos), como en su contra (si hiciese énfasis en el lugar y el tamaño, que difieren para los distintos trozos de oro). Pero, tomada en conjunto, pareciera hablar a favor de la tesis de la identidad, sobre todo si la contrastamos con la analogía de las partes del rostro, donde cada parte cumple una función propia, diferente de las demás. Esto no significa, sin embargo, que la analogía de los trozos de oro sea la adecuada --como Terry Penner sostiene-- para expresar la relación que Platón creyó que existía entre las virtudes individuales.

En cuanto a la analogía del rostro, ésta parece favorecer la tesis de la independencia mutua de las virtudes, y, por ende, contradecir la de la reciprocidad existencial de las virtudes individuales. En efecto, una de las partes del rostro puede dejar de funcionar (en un caso de ceguera, por ejemplo) mientras las demás permanecen operativas; si esta analogía fuera aplicable a las virtudes, significaría que un individuo puede poseer algunas virtudes y carecer de otras.

En cambio, el mero hecho de que las partes del rostro pertenezcan a un todo no parece ser garantía suficiente de una relación estrecha entre las virtudes: a lo sumo podría reflejar la pertenencia de todas las virtudes a un mismo género (la virtud), lo cual por sí solo no comporta que éstas se encuentren íntimamente entrelazadas. (6)

Terry Penner piensa que el hecho de que el personaje Sócrates defienda, frente a Protágoras, la idea de la analogía entre las virtudes y los trozos de oro sugiere que el Sócrates histórico pensó que las virtudes son, en el fondo, una misma cosa. Penner habla en este sentido de una "fuerza motivacional"...

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